Mostrando las entradas con la etiqueta Bermúdez. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Bermúdez. Mostrar todas las entradas

miércoles, 13 de abril de 2016

Personaje: Ruth Milena Giuliani de Salcedo

Septiembre 2013


Ruth Milena Giuliani de Salcedo

“Mi vida es mi familia”

“Era imposible dejar de voltear cuando Ruth Milena pasaba por el lado”, esta frase se hace constante al mencionar su nombre entre personajes contemporáneos con ella… “era una mujer bellísima” y aunque el tiempo ha pasado y ha dejado su huella se conserva en ella un elegante porte, una mirada carismática, una sonrisa pulcra y perfecta y su cabello ahora del color del tiempo con sus canas que la distinguen y todo eso, la convierte en una hermosa señora de 75 años.
Ruth Milena Giuliani, es la quinta hija de Roberto Giuliani y Ana Jacinta Guevara, crece junto con sus seis hermanos y sus padres en calle Libertad, su padre…don Roberto fue un reconocido barbero de Carúpano junto con su hermano Augusto, quienes montaron una barbería frente el mercado viejo,… “eran muy conocidos, todos los hombres del pueblo se cortaban y afeitaban donde papá”. Doña Ana, dedicada a su hogar, labor común para esa época, fue la encargada de darle forma a sus hijos, de inculcarle valores y principios y de fomentar entre todos la unión familiar… “mamá era una mujer fuerte, de temple y papá tenía un carácter bello, era apacible y muy jocoso”. Era evidente, una pareja que se complementaba entre sí, capaces de demostrarle a los suyos el valor del esfuerzo y aplaudir la capacidad de soñar sin dejar de sonreír.
“Tuve una infancia bella, era tranquila y muy alegre”
Don Roberto era político, asunto que lo obligaba necesariamente a tener cierta cultura del mundo, leyendo se logra conocer la vida, y fue entonces cuando la niña Ruth, motivada por su padre comienza a incursionar en el ámbito de la literatura clásica, le encantaba leer más aun cuando las obras venían recomendadas por su padre.
-Estudié hasta sexto grado en la Escuela Manuel María Urbaneja y para estudiar bachillerato me inscribieron en el Liceo Simón Rodríguez, allí llegué hasta tercer año.
En ese momento su hermana Francisca “Paquita” Giuliani, quien vivía en Caracas, presiona e impulsa a Ruth para que se vaya a la capital y comience a estudiar, las ofertas de estudios eran costosas y complicadas, pero consiguió entrar en la Escuela Nacional de Telecomunicaciones, donde el único requisito era haber aprobado tercer año. Allí aprende y se especializa en código morse, en radiogramas y otras destrezas que para el momento eran tan novedosas y necesarias para establecer vínculos lejanos.
Al llegar a Caracas, se hospeda con su hermana, vivían en Casalta… pero al poco tiempo la señora Francisca decide mudarse al 23 de enero. Ella, “Paquita”, quien también goza de ser carupanera, se convirtió en esa populosa localidad del municipio Libertador en la Comandante Paquita, luchadora revolucionaria y quien combatió en la época de la resistencia armada en los años 60. Pero el amor por sus ideales y la lucha imperante para el momento le complica criar a sus tres hijas, Bellita, Beatriz y Nora… Ruth como tía de las niñas, ya graduada y con cierta experiencia profesional (Centro Simón Bolívar, Torre de Control de Maiquetía y en la Guardia Costera en Arrecife), decide regresar a su tierra natal… Carúpano, pero en compañía de tres niñas de las cuales junto con su madre Ana Jacinta se encargarían de su crianza.
Al llegar a Carúpano, consiguió empleo en el Ministerio de Telecomunicaciones donde funcionaba el correo, la radio y el telégrafo. Luego se le presentó una gran oportunidad, el ministro de Comunicaciones para el momento le ofreció el cargo de Receptora de Radio en Tío Pedro, y para allá se fue a trabajar, era la encargada de sintonizar las emisoras que mandaban mensajes con código morse.
Mientras trabajaba en los oficios propios de su profesión, colaboraba en la crianza de sus sobrinas y en la manutención del hogar, se inscribe en un curso de aviación no comercial… “el curso no lo terminé pero sabía despegar y tocar”. Y hasta practicó tiro al blanco en el Polígono de Tiro que quedaba hacia las afuera de Carúpano.
Cómo conoció el doctor Hernán Salcedo?
-Cuando trabajaba en Tío Pedro, su hermana menor siempre me decía que me iba a presentar a su hermano porque ella quería que yo me casara con él y me lo presentó, Hernán era un hombre muy inteligente y me conquistó pasito a pasito, me llamaba siempre, me recomendaba libros y a los tres meses nos casamos.
Con la edad de 22 años la bella joven y profesional Ruth Milena contrae matrimonio con el médico pediatra Hernán Salcedo de 33 años, él veía en ella una princesa, capaz de ser la madre sus hijos y su compañera de vida…y así fue.
-Cuando nos casamos me hizo prometerle que al tener mi primer hijo yo dejaría de trabajar, y yo no quería eso, estaba clara que todavía tenía responsabilidades con mi familia, sobre todo con mis sobrinas.
Como recién casados y con el sueño de ser padres, pasaron momentos fuertes, tuvieron una perdida y se sometieron a muchos exámenes posteriores dada la dificultad de concebir un bebé, tan difícil y complicado se fue tornando el asunto de ser padres, que en cierto momento consintieron la idea de la adopción.
-Ya eso lo habíamos hablado y habíamos quedado en comenzar los trámites para la adopción, pero antes de formalizarlo, fuimos de visita a un hacienda en nueva Colombia, donde había un rio hermoso y yo me lanzaba de las piedras… inocente de todo. Pero a partir de allí, Hernán comenzó a ver en mi cambio de humor y de temperamento y me pidió que me hiciera una prueba de orina y salió positiva…estaba embarazada.
En virtud de las complicaciones que ya habían tenido, y con el conocimiento que tenía el señor Hernán como doctor, se comunican inmediatamente con su amigo gineco-obstetra el doctor Salvador Navarrete, quien tras un viaje a Caracas confirma un embarazo con ocho semanas de gestación, finalmente después de mucho reposo y cuidados…nace su primera hija: Ruth Milena. Y casi al año, el segundo Hernán Alejandro y Faina Sol su última hija.
La dedicación a su familia y a su hogar fue absoluta, dejó de trabajar y sus sueños cambiaron de rumbo, su única prioridad eran sus hijos y su marido. Durante casi medio siglo la pareja conformada por Ruth y Hernán permanecieron juntos, tal como reza la iglesia…hasta que la muerte los separe. Hace cuatro años el pediatra de la mayoría de los carupaneros murió y con su muerte se marca una nueva etapa en la vida de su viuda.
Qué significó el doctor Hernán Salcedo para usted?
-Hernán era mi luz, mi todo. Yo me entregué a él y con su ida lo perdí todo… era un caballero… un hombre que me amó.
Recordar es la única manera de detener el tiempo. Y la señora Ruth Milena nada en recuerdos, se zambulle en momentos, en dolores, en alegrías, en penas, llantos y risas. Su mirada se humedece de nostalgia y su sonrisa se quiebra intentando ser la misma. Su vida se ha recreado en torno a grandes pérdidas, no solo la de su esposo, sino otros familiares y seres queridos que definitivamente para ella, eran imprescindibles.
Pero es que dentro de esa estampa elegante y estoica existe una señora sensible y accesible… donde en su vida ya no hay secretos y asume sus verdades con una increíble entereza. Dedicó su vida a su familia, quizás respondiendo a los estándares antiguos, pero es, hoy por hoy, una mujer de pensamiento progresista, cree y aplaude la voluntad femenina y en la necesidad imperiosa de ser feliz y vivir en tranquilidad.
-Después que murió mi marido, mis hijos han tratado de suplir la ausencia de su padre… y de verdad que me lo han logrado, ellos ahora son mi gran apoyo y yo soy el de ellos.
Cómo son sus hijos?
-Ruth Milena, es explosiva y directa pero tiene un corazón noble. Hernán Alejandro, es tranquilo, trabajador, muy cariñoso, correcto…. Se parece a su papá. Faina Sol, es tranquila, llevadera, excelente estudiante… mis hijos son mi gran orgullo y mis nietos también.
“Mis cuatro nietos son mi vida”
-Ser abuela es algo grandioso, ellos son mis amores, Alberto Marcel, Michelle Andrea, Luigi Francesco y Federico Antonio.
En virtud de su dedicación por sus hijos, Ruth Milena era, cuando sus muchachos estaban estudiando, una representante activa y presente, su casa estaba siempre llena de ellos y no había actividad que se inventara que ella no apoyara. Esta iniciativa la llevó a ser parte de la Junta Directiva del Ateneo de Carúpano… miembro fundadora de la Coral Graciela Lárez de López y posteriormente del Museo Histórico, pues su pasión por la cultura, el arte y la lectura se fueron materializando poco a poco en instituciones que han sido bandera para el desarrollo cultural y conservación de la memoria del carupanero.
“Sin cultura, no hay vida, no hay nada”
Y Carúpano, que es en su vida?
-Yo adoro a mi pueblo, he viajado y viajado y sigo adorando  a mi pueblo. Pero ahorita le falta amor…hay que colaborar para tener al pueblo bonito.
Tiene algún sueño?
Con la mirada taciturna y después de un largo silencio.
-Mi  vida son mis hijos y mi único sueño es que el día que yo falte… no les haga falta nada.
Conversar con Ruth Milena, fue un encuentro pleno, grato y lleno de emociones, que sabroso es encontrarse con personajes que palabra tras palabra y gesto tras gesto, confirmen que la vida hay que vivirla, que no hay que detenerse en detalles minúsculos y que lo más lindo de estar vivo son las lecciones y sus experiencias. Es sin lugar a dudas una carupanera que creyó y aun lucha por su proyecto de vida: su familia.




viernes, 8 de abril de 2016

Personaje: Candelaria García

Octubre 2013

Candelaria García, 54 años trayendo niños y niñas al mundo

“Si volviera a nacer volvería a ser partera”

Es una abuela de colección, risueña, soñadora, alegre y con la picardía propia de la mujer oriental, su vida entera se le ha ido trabajando… atendiendo partos. A sus 88 años posee muy buena memoria remota, tiende a repetir acontecimientos que le fueron importantes y a conservar diálogos exactos de sus años mozos. Se sabe su vida como al caletre, se siente que la mentira y los cuentos falsos no tienen cabida en la vida de una mujer de lucha que le garantizó la vida, según ella, a la mayoría de los pobladores de Paria.
El 22 de febrero de 1925 nace en Carúpano, la primogénita de José Toribio García y Mercedes Hernández, este matrimonio concibieron nueve hijos, y todos fueron atendidos por la propia parturienta. Doña Mercedes Hernández…”era la partera más recia que tenía Cariaco”.
La infancia de Candelita, cómo por cariño la llamaban, transcurrió básicamente ayudando a su madre en cada parto que asistía y aprendiendo de ella. Estudia primaria en Cariaco y vista de su vocación a muy temprana edad ya sabía que su vida era continuar dando vidas, tal como lo hacía su madre. Se traslada a Cumaná y estudia enfermería.
“Yo veía a mi mamá y oía lo que ella decía…así aprendí”
-Mamá me dijo: mijita ya saliste de sexto grado y ahora que vas a estudiar. Y yo le respondí: quédese tranquila que ya yo sé que voy a ser. Quería ser partera!
A qué edad atendió su primer parto?
-A los 12 años
Que se siente haber recibido a tantos bebés?
-Es una alegría grandísima, cuando uno lo agarra en las manos y lo ve vivito y coleando.
Candelita, después de graduarse como enfermera en la ciudad Cumaná ejerce su profesión en el Hospital Patricio Alcalá, evoca con orgullo, cuando los doctores elogiaban su misticismo y dedicación.
-Los mismos doctores me llamaban para que atendiera los partos de sus mujeres.
Tenía algún ritual antes de atender un parto?
-Primero persignarme, rezar y encomendarme a Dios, después miro a la mujer de arriba abajo, le veo la barriga y se la toco, allí ya yo sé si es hembra o varón, si viene normal, o es parto podálico, de nalgas o de cara.
“El que no cree en Dios no cree en nadie”
Tras la gravedad de su padre, Candelaria se traslada a Carúpano para atenderlo, y consigue trabajo en el Hospital San Antonio como enfermera, pero sucede un episodio que le cambia la vida, ella no tuvo hijos, quizás una gran contradicción, siendo partera. Pero la vida y Dios le tenían preparada una gran sorpresa. Mientras trabajaba en el Hospital San Antonio, le tocó atender un parto de una señora que dio a luz una hermosa niña. Al día siguiente del alumbramiento dicha señora llegó a casa de Candelaria y le dijo que le quería regalar la bebé y sin miramientos respondió: -yo no puedo coger esa muchachita porque yo trabajo mucho y no tengo a nadie que me ayude.
Al rato descubre, gracias a una vecina, que la recién parida, que había dejado a la bebé en el patio de la casa de Candelaria, bajo un sol inclemente… no le quedó más remedio que tomarla entre sus brazos, bañarla, atenderla, criarla y amarla como si fuera su hija,… Deyanira García.
Después de trabajar en el Hospital San Antonio, forma parte de la primera nómina de empleados del recién fundado Hospital Santos Aníbal Dominicci, donde se jubila. Durante su labor en el Hospital de Carúpano, Candelaria de codea con muchos de especialistas, o quizás cabría afirmar…. Muchos especialistas se codean con ella.
“En muchas oportunidades yo tenía que enseñarles cosas a los doctores”´
-En el Hospital, todos tenían un trato muy especial conmigo, me consentían, me consultaban cosas y por ejemplo el doctor Néstor Rojas siempre me ponía para que lo asistiera en sus partos y me llamaba “Mamá Negra”.
A Candela, la pasaban buscando por su casa para que atendiera los partos, al principio los atendía tanto en casa de la parturienta como en su propia casa, pero, siendo enfermera y por presión de sus familiares, luego cuando la buscaban para partear ella lo atendía en el quirófano del hospital… allí podía garantizar muchas cosas.
“Jamás se me murió un bebé”
Su trabajo, su vocación, dedicación y esfuerzo no solo se le recompensó a Candelaria parto tras parto y vida tras vida… sino que la Maternidad lleva su nombre “Candelaria García”, mujer luchadora e incansable capaz de sacrificar muchas cosas por lo único que creía valido,.. El don que Dios le dio, ser partera. Es hoy por hoy reconocida por ser la partera de Carúpano.
Deyanira, su hija…la hace abuela de una niña llamada Eva y dos varones que lamentablemente perecieron. Eva quien se ha criado con ella, la llama “mamá” y Candelita afirma que su nieta para ella…es una hija. También tiene tres bisnietos, Nicole y Christopher hijos de Eva y Engelberth hijo de su nieto fallecido.
En 1999, Candelaria es víctima de un ACV, lo cual apresuro su retiro y jubilación del sector salud, aunque sus ganas de continuar trayendo a niños y niñas al mundo no mermaron, su capacidad física ya no era la misma.
Durante su tiempo dedicado a lo que ella misma llama…. El don: ser partera. Jamás le puso precio a su trabajo, recibía en cambio colaboraciones y muchos regalos como forma de agradecimiento.
En varias oportunidades fue buscada para realizar abortos o inclusive para que con sus manos ayudara a la concepción, pues ella, decía que lo que hacía era sacar muchachos y no ayudar a que las mujeres quedaran preñadas y con respecto a los abortos siempre dijo que su labor era dar vida no muerte.
Hoy por hoy vive de sus recuerdos, de sus vivencias, como ya no puede trabajar dedica su tiempo a sus matas y de vez en cuando se deleita escuchando los valses de su juventud. “Lo que no me gusta es cocinar”, dice con una certeza absoluta… y es que con los años, según ella, ha perdido la sazón.
Pese a que fue una mujer de mucho temple, su buen humor y su capacidad de reír no lo ha perdido. Candelita es una mujer en la que provoca hurgar en sus recuerdos, es una pieza indispensable de la memoria Paria y sus habitantes.


Fotografía tomada de la cuenta de Facebook de Eva León


sábado, 12 de marzo de 2016

Personaje: La Charera

Marzo 2013


Josefina Jiménez “La Charera”, Patrimonio Cultural Viviente del estado Sucre

Lo que está para cada quien, faltar no puede

Costurera, cantante, compositora, maestra, alegre, soñadora, voluntariosa y risueña es Josefina, la hija mayor de Canuto Ostulio Jiménez y Carmen Florentina Espinoza. Nació en Maturincito, se crió en Saguijuela de los Blancos y en Carúpano. Madre de cinco hijos, con once nietos y tres bisnietos.
Bajo el techo de caña brava, paredes de bahareque, y con un volumen agradable la música de “La Charera”, se dio este encuentro, lleno de risas, anécdotas, aprendizajes y lecciones de vida. Ella, no escatimó en develar sus intimidades… considera que no tiene secretos y que todo lo que le pasó, aunque en su momento no se hubiera percatado, fue para bien.
Cuando era niña, Josefina era curiosa, tenía una increíble habilidad con las manos, tanto que su talento como costurera se manifestó desde muy pequeña, recuerda que una vez con tiras y retazos de tela, le hizo un vestido a su hermana y quedó precioso…como si se lo hubiera medido. En aquel entonces, en Maturincito no había escuela, y ella con un potecito de Vip Vaporub aprendió a leer, se ponía a preguntar letra por letra, armaba los sonidos, leía la palabra y comprendía la oración.
Y no tuvo la oportunidad de estudiar?
-Si claro, una vez llegó una maestra a Maturincito, se llamaba Lourdes Velásquez y con ella cursé desde primer grado. Lo que aprendí en primer grado no se ha olvidado nunca. Después llegó a Cusma otra maestra y me fui a estudiar para allá, se llamaba Armida Mosquera y como tenía que seguir estudiando, yo misma me inscribí en el Moral y Luces, que hoy es la Escuela Republica de Haití y curse con la maestra Evelia de Ortiz, el cuarto grado. Y también hice el curso de corte y costura en la Escuela Técnica Artesanal.
“Yo nací para ser algo, pero no hubo la posibilidad. De niña yo quería ser cantante, compositora, maestra y costurera y con 73 años, estoy realizando mis sueños.”
Estando estudiando en el Artesanal, conoce a sus grandes amigas de toda la vida, Carmen Brusco y Aura Marsella, al hablar de ellas se le ilumina el rostro, sus ojos de nublan de nostalgia y en sus labios se le dibuja una sonrisa enorme. En ese entonces era costumbre en Carúpano que las jóvenes se fueran a trabajar a Caracas en casas de familia y Josefina se empleó con la familia Franceschi Salazar, al llegar a la capital, la inscribieron en la Escuela Las Carmelitas para que continuara capacitándose en costura. Le tomaron tanto cariño que se dedicó a cuidar a los hijos del matrimonio y con el tiempo, el amor y la confianza hasta madrina de uno es.
Cómo fue su primer amor?
-Cuando tenía como 25 años me vine a Carúpano a un matrimonio y me enamoré del hermano de la novia, él vivía en Caracas, eso fue muy rápido y él me quiso llevar pero yo no quise. Después me comenzó a mandar cartas y una vez le dijo a su sobrina que me comprara el pasaje para que me fuera ya a vivir con él. Y así, fue… me fui. Al llegar a Caracas ya teníamos planes de matrimonio pero antes teníamos que alquilar una casa, cuando fuimos a ver la casa me presentó con la propietaria como su hermana, allí me di cuenta que no valía la pena, pero ya yo estaba embarazada. Y con la misma me regresé a Carúpano. Y para no hacerle un desaire a mi mamá, preñada y sola, me fui a vivir en casa de un hermano en Curacho.
Su hija nació y la llamó Migddy, y antes de que cumpliera el año conoció, en casa de su hermana en Tunapuy al señor Pedro Antonio Cova, Josefina al principio no le dio mucha importancia, él era de Guariquen y al mes siguiente, la invitan junto con la familia de su hermana para la tierra de Pedro y es allí donde Josefina, con su bebe en sus brazos, le dice…”que me va a ofrecer usted, porque yo lo único que tengo que ofrecerle es mi hija”. Y se casaron al poco tiempo, en Curacho y se fueron a vivir a Guariquen. Esta unión duró 17 años, tuvieron cinco hijos y uno murió a los cuatro años de sarampión.
Su vida en Gariquien era criar a sus hijos, hasta que un día su esposo decidió irse a San Félix acompañando a su hermana, en busca de mejores oportunidades, la ausencia se fue prolongando y Josefina tuvo que comenzar a producir, cosía, hacía arepas y tortas a leña… de eso vivía. Hasta que un día se armó de valor y se fue a San Félix, estuvo por allá durante dos meses, descubrió que su esposo tenía intenciones de casarse. Regresa a Guariquen con sus hijos con la intención de poner todo en orden y retorna por dos años a San Félix, durante ese tiempo su vida no fue muy grata, le propone el divorcio al señor Pedro y se viene definitivamente a Carúpano y se aloja en la que hoy es su casa en San Martin.
Al verse sola con sus cinco hijos, no tuvo otra opción que ponerse a trabajar, hacía dulces y arepas para vender, seguía cosiendo, y era suplente en la Casa Hogar Doña Menca de Leoni, y allí logró culminar su primaria por un convenio con el Ince.
“Yo tengo la universidad dentro, aunque nunca he estudiado en una”
-Yo quería trabajar fija en la casa Hogar, pero me dijeron que no podía porque Rafael Caldera había sacado una ley que decía que las personas mayores de cuarenta años no podían trabajar y yo tenía 43. Me sentí muy triste y deprimida. Pero Bermiria de Tovar una guía de la Casa Hogar, me tenía mucha confianza y me ofreció trabajo para que le cuidara a sus hijos.
Josefina, siempre tuvo presente la crianza de sus hijos, muchos apostaron a su fracaso por su soledad y la carga tan grande que tenía sobre sus hombros, pero ella aunque sabía que la vida le estaba exigiendo de más, nunca se rindió y hoy ve con orgullo el producto de su esfuerzo y sacrificio. Siempre ha sido una mujer muy alegre, capaz de ver en lo malo, lo bueno y de robarle una sonrisa a cualquiera y ponerle letra, ritmo y sazón a lo que le llame la atención.
En 1995, su hija menor decide casarse, la situación económica de Josefina no estaba buena, ella estaba profundamente triste y desanimada, quería su hija que se casara en la casa y no en la prefectura. En ese momento su vida giró notablemente y comienza Josefina a perfilarse como “La Charera”.
Como se convierte en “La Charera”?
-Bueno, mi prima me andaba buscando y cuando me encontró me dijo que me inscribiera en el Ateneo de Carúpano para participar en la Voz Obrera, nunca había entrado a ese lugar y no mas entré escuché una voz que decía… Josefina sube!... y subí. Me llenaron la inscripción y nos explicaron las reglas del concurso. Allí en el ateneo me encontré a Margaret Centeno, hija del profesor Ignacio Centeno, yo sabía que el tenía una canción que cumplía con los requisitos de la Voz Obrera, pero no me la sabía, le dije a Margaret que me la cantara y la copie… le puse música y mi canción para el festival fue “La Charera”.
“Lo mío no es entrar, sino tocar la puerta a ver si hay alguien adentro”
Después de llevarse todos los galardones del Festival de la Voz Obrera del Ateneo de Carúpano en 1995, Josefina Jiménez comenzó a llamarse “La Charera”, las invitaciones a presentaciones le llovían a cántaros, y se dio cuenta que la música era su vida, la composición de canciones y decimas y su capacidad didáctica, se conjugaron para que “La Charera” se convirtiera en maestra galeronista de la zona. Ha preparado a muchos niños en este ritmo oriental de sabrosa ejecución. Desde entonces, ya se comenzaron a cristalizar sus otros sueños, maestra, cantante y compositora. Es Patrimonio Cultural Viviente del estado Sucre, maestra honoraria de Unearte y tiene su primer disco, con merengues y aguinaldos.
“Voy por etapa cumpliendo sueño por sueño”
La Charera es un pajarito común y de origen español, en ciertas zonas de Venezuela lo llaman de otras formas, y es característico por su lindo cantar y su inquietud. Seudónimo que se ajusta perfectamente a la personalidad de Josefina, una mujer incansable y con una voz prodigiosa que a cualquiera hace suspirar.
“Unos le dicen piuta,
Otros la chavava
Unos le dicen charera
Chererita si será”

Su gran tesoro, es su familia, sus cinco hijos Migddy, Antonio José, Iván José, Betty y Adelcis, por todos ha dado su vida y todos la aman y la consienten muchísimo. Sus once nietos y tres bisnietos le permiten que sea una abuela divertida y le dan la oportunidad de volver a ser madre. Su mamá Carmen Florentina, es lo más grandioso que existe, tanto que es capaz de igualarla con el cielo estrellado.
Ya “La Charera” ha visto cumplir sus sueños, pero tiene uno nuevo?
-Claro, mi sueño ahora es la Escuela de Galerón “La Charera”, yo quiero sembrar el recuerdo y mis conocimientos difundirlos y enseñarlos.
Al comenzar la entrevista dijo: el que conoce a “La Charera” se lleva una sabiduría inolvidable”…y así fue, su presencia, sus pesares, experiencias, logros y su particular alegría hacen de Josefina Jiménez “La Charera” una mujer inolvidable, capaz de ofrecer su vida a cambio de que las personas crean y trabajen por sus sueños… “hay que seguir durmiendo, aunque despierto también se sueña”.